¡Danos tu opinión!

Los traductores instantáneos no son algo nuevo. Sin embargo, no dejan de sorprendernos con nuevos inventos. Hace pocas semanas unos auriculares causaron sensación en la Feria Electrónica de Consumo de Las Vegas (CES), uno de los eventos tecnológicos más importantes del mundo. ¿Cuál fue la razón? Muy simple: se trata de un dispositivo que utiliza la inteligencia artificial de los smartphones para hacer una traducción simultánea inmediata y, lo que es más importante, cada vez más fiel al original. ¿Significa este nuevo lanzamiento que la tecnología amenaza a los traductores humanos? Nosotros los ponemos en duda, incluso aunque haya que contradecir a las estadísticas.

Muchos análisis aseguran que la traducción es una de las profesiones condenadas a desaparecer a corto plazo. La sitúan al nivel de los empleados de limpieza, los teleoperadores o los cajeros de supermercados, que están siendo paulatinamente sustituidos por robots. Lo que debemos plantearnos es si la labor que hacen las máquinas es tan perfecta como para apostar completamente por ella o si, como hemos mencionado muchas veces, es preferible elegir un resultado profesional.

El principal problema al que se enfrenta la profesión es la aceptación generalizada de traducciones inconcretas e inexactas. Es lo mismo que sucede con las faltas de ortografía o las erratas, que podemos encontrar cada día incluso en los medios de comunicación. Pocos tienen en cuenta que una traducción mal hecha puede poner en peligro toda la reputación de una empresa. Y si no, que se lo digan a los departamentos de marketing de los que os hablábamos en este mismo post hace unas semanas. Por eso, utilizar los traductores online y los nuevos gadgets es una solución inadmisible si se busca la precisión y la excelencia.

El traductor detrás de la máquina

La buena noticia es que la traducción y la interpretación no tienen que estar necesariamente reñidas con la tecnología y que están obligadas a complementarse para evolucionar de forma paralela. Para empezar, el desarrollo de todos estos traductores instantáneos requiere de un buen profesional de los idiomas que siente las bases de su funcionamiento, por mucho que después funcionen básicamente con inteligencia artificial.

Ocurre sobre todo con los idiomas menos comunes y traducidos, con los que aún queda mucho trabajo por hacer. Hace pocos días los académicos de la Universidad de Guadalajara (México) pusieron de relieve lo difícil que resulta rescatar las lenguas indígenas que hablan unos 7 millones de habitantes en el país por la falta de traductores. Hay que asumir entonces que, en caso de querer entendernos con un indígena de Jalisco, el traductor de Google no nos serviría absolutamente para nada.

Por otra parte, la labor de un intérprete es insustituible cuando entra en juego el lenguaje corporal, el tono de voz o las connotaciones culturales. La tecnología aprende muy rápido, pero no posee aún la precisión exacta para interpretar el estado de ánimo, la ironía o los sentimientos. Yo hay que olvidar que incluso dentro de un mismo idioma (como en el caso del español) una misma palabra o expresión puede dar lugar a un terrible malentendido.

No ponemos en duda que llegará un día en el que esta publicación pueda quedar obsoleta. Pero aquí y ahora hay que hacer una reflexión sobre los perjuicios que puede provocar a la imagen de marca de una empresa una traducción incorrecta. ¿Estamos de verdad preparados para dejar una traducción jurídica o literaria en manos de las máquinas? La solución puede estar más cerca de lo que pensamos.