Si decimos que el lenguaje es algo vivo que se enriquece prácticamente a diario debido al uso de las nuevas tecnologías y a la globalización no descubrimos nada nuevo. Sin embargo, la entrada masiva de neologismos en un idioma puede suponer un grave problema para los traductores jurados y complicar la rigurosidad de su trabajo. ¿Es necesario traducirlos o es preferible adaptarlos? ¿Afecta al significado exacto de un documento oficial un término que podría no ser bien comprendido por todos? En nuestro blog de traducción intentamos darte unas pequeñas claves.

Un neologismo es, según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua (DRAE), “un vocablo, acepción o giro nuevo en una lengua”. Es necesario distinguirlo de extranjerismo (“préstamo, especialmente el no adaptado”) y de tecnicismo (“cada una de las voces técnicas empleadas en el lenguaje de un arte, de una ciencia, de un oficio, etc.”), aunque podríamos decir que los tres están íntimamente ligados entre sí.

El uso de un lenguaje único a nivel global en marketing y publicidad y el predominio del inglés han provocado que una proporción de la sociedad, especialmente la franja de edad más joven, no tenga interés alguno en buscar una equivalencia en español para conceptos procedentes del inglés como webinar (charla o conferencia virtual), spoiler (el acto de ‘destripar’ el final una película, libro o serie) o car sharing (usar el coche compartido).

En muchas ocasiones, no existe un término exacto que reproduzca lo que la palabra extranjera quiere denominar, aunque instituciones como la RAE y Fundeu se esfuerzan siempre por encontrar un equivalente en español cuando el uso de un término se generaliza lo suficiente y perdura en el tiempo. Es el caso de selfi (la recomendación de usar ‘autofoto’ no tuvo éxito) o clic (la acción de activar una herramienta apretando el ratón -del ‘mouse’ original- del ordenador).

¿Qué hacer con los neologismos en una traducción jurada?

Que aparezcan palabras nuevas en el lenguaje cotidiano es un fenómeno natural al que ya estamos habituados. Pero, ¿cómo podemos interpretar dichos términos en una traducción especializada (jurídica, médica, técnica, etc.) o, lo que es aún más complicado, en una traducción jurada? La recomendación es que se use la traducción en español siempre que exista y ya haya sido aceptada por la RAE. Otra posibilidad es aplicar el “translation label” o, lo que es lo mismo, un equivalente cultural con un término próximo al original.

Hay traductores que directamente optan por mantener el neologismo, aunque con dos comportamientos diferentes. Se puede dejar la palabra original y explicar a continuación del término qué significa en pocas palabras, aunque esto perjudica la fluidez de la traducción. Y la otra opción es la de mantener un extranjerismo sin hacer aclaración alguna y con la confianza de que el receptor termine por asimilar su significado, algo que sucede con frecuencia en los productos y servicios del lenguaje financiero o de marketing.

Una última opción es hacer un ‘calco’ o una traducción literal de algunos términos, como el citado ‘ratón’, ‘tableta’ (tablet) o ‘rascacielos’ (skycrapper).

Una tendencia peligrosa que cada vez prolifera más es la de limitarse a añadir un sufijo inglés a una palabra española para crear una acción figurada y que no tendría traducción exacta, como en el caso de ‘balconing’.

Los neologismos en los documentos oficiales

Como hemos mencionado, la aparición de palabras que no están completamente implantadas en nuestro lenguaje cotidiano es un problema que se acrecienta cuando hablamos de traducciones juradas o documentos oficiales. En estos casos, ¿es realmente necesario utilizar los neologismos? En ocasiones, nos guste o no, es inevitable.

La buena noticia es que en el lenguaje jurídico, por ejemplo, la mayoría de los que se utilizan son los denominados neologismos ‘desinenciales’, palabras de una misma familia que se forman como derivados de una palabra original. En estos casos, como ‘feminicidio’ o ‘transgénero’, por ejemplo, el lector puede interpretar fácilmente el significado por la fuerza de la raíz.

En medicina también se usan una gran cantidad de neologismos y, como denuncian muchos profesionales, de ‘false friends’ (traducciones incorrectas por equivalencia entre palabras de dos idiomas diferentes). Es habitual encontrar términos como bypass (cirugía de la arteria coronaria) o stent (pequeño tubo de metal que se expande dentro de una arteria) sin que se contemple siquiera la posibilidad de estudiar un equivalente en español.

Bancos de neologismos

Como hemos comentado, cuando nos encontramos una palabra nueva y no sabemos cómo traducirla lo mejor es acudir al DRAE y a Fundeu para comprobar si existe alguna recomendación. Pero puede ocurrir que no la encontremos fácilmente o que aún no esté aceptada. En su ‘Libro de estilo de la Lengua Española’, publicado en noviembre de 2018, la Academia recomienda, por ejemplo, utilizar ‘memoria USB’ o ‘lápiz de memoria’ en lugar de ‘pen-drive’ y sustituir la palabra ‘hacker’ por ‘pirata informático’ o la castellanizada ‘jáquer’.

Para sacar del atolladero a un traductor en los casos más complicados, el Instituto Cervantes tiene un banco de neologismos que se ha nutrido de las bases de datos que el Observatori de Neologia de la Universidad Pompeu Fabra lleva alimentando desde 1988 con datos de medios de comunicación, escritos y orales. También ha tomado datos del proyecto Antenas Neológicas (red creada en 2003 con universidades latinoamericanas de Argentina, Chile, Colombia, Cuba, México, Perú y Uruguay) y del proyecto NEOROC (red creada en 2004 con universidades españolas de Alicante, Cádiz, Málaga, Murcia, País Vasco, Salamanca y Valencia).

En el listado, se pueden encontrar algunos ejemplos de neologismos que están generalizados en español, castellanizados o no, y que utilizamos con frecuencia en el lenguaje coloquial: wifi, cliquear, tuit, smartphone, email (o e-mail), renting, resort, crowdfunding o software.

En cualquier caso, y como siempre recomendamos, lo más práctico para evitar errores en las traducciones es realizar una traducción profesional y, para ello, acudir a una agencia como Enai de experimentados traductores jurados en Madrid.