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Entendemos por traducción jurada o traducción oficial aquellas traducciones que han sido traducidas, selladas y firmadas por un traductor jurado.

A diferencia de las traducciones simples u ordinarias, las traducciones juradas son obligatorias en aquellos documentos que deban surtir efecto legal y no se encuentren en el idioma indicado.

Documentos para una traducción jurada

Que reciba el nombre de “jurada” no significa que sea de carácter jurídico. Al contrario, se suele traducir cualquier tipo de documento de diversa temática que necesiten ser traducido ante un organismo oficial. Esto puede ir desde mensajes de texto para casos judiciales, hasta traducción de títulos académicos para cursar estudios en otro país, visados de trabajo, traducción de documentos oficiales

Así que, aunque pienses que no es habitual recurrir a un traductor jurado, lo cierto es que es una figura a la que hay que recurrir con más frecuencia de la que se cree.

De hecho, dentro de la pluralidad lingüística de España, el estado ha permitido a ciertas comunidades autónomas con lenguas oficiales la posibilidad de nombrar traductores jurados en dichas lenguas: catalán, gallego y euskera. Tienen la misma función, el mismo reconocimiento por parte del Ministerio de Exteriores y plena validez a nivel nacional.

Requisitos para ser traductor jurado

Para ser traductor jurado se necesita lo siguiente

  • Tener titulación universitaria.
  • No tener antecedentes penales.
  • Aprobar el examen habilitante que expide el Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación, ya que es el organismo que confiere oficialidad a las traducciones.
  • Para obtener dicho título, debe ser ciudadano de alguno de los países miembros de la Unión Europea o del Espacio Económico Europeo.
  • Complementariamente, puede poseer conocimientos jurídicos y económicos que le permiten traducir documentos legales.

Orígenes de la traducción jurada

Aunque ha adquirido su fama en los últimos años con la internacionalización de las empresas y el libre mercado, el papel del traductor jurado no es en absoluto novedoso.

Sus orígenes exactos no se conocen, pero se toma conciencia de una figura muy próxima a la del traductor jurado a raíz del descubrimiento de América.

Algo completamente normal, ya que se trataba de un momento muy complicado en términos culturales y lingüísticos: la lengua hablada por los primeros colonos no tenía nada que ver con los nativos que se encontraban en aquellas tierras. Para comunicarse, primero se usaron las señales, los gestos y los símbolos; después, se dio paso a la oralidad.

El papel de los intérpretes en esta época quedó reflejado en la Ley IX, ordenanza 15 del Libro Cuarto de la Recopilación de Leyes de los Reinos de Indias, pero su importancia se recoge en la Ley XV de 1542, ordenanza 24, según la cual, «Ningún descubridor por mar ó tierra, pueda traer, ni traiga indios de las partes que descubriere, con ningún pretexto, aunque ellos vengan de su voluntad, pena de muerte, excepto hasta tres ó cuatro personas, para lenguas ó intérpretes, tratándolos bien, y pagándoles su trabajo».

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